El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar, el verbo soñar… Porque la curiosidad de leer no se fuerza, se despierta. No convirtamos la lectura en una obligación moral. El dilema es: ¡me regalo o no la dicha de leer! Daniel Pennac (“Derechos de los lectores”)
























































